Sunday, May 29, 2011

Chambones.

De mi profesor de Urología Ramón Madariaga, aprendí muchas cosas: me enseñó a hacer uso de la literatura médica, me enseñó a hacer algunos nudos quirúrgicas que en su momento me sirvieron para descrestar a algunos compañeros, y hubo algo que me enseñó de manera tácita mientras renegaba durante las cirugías: y eso fué que si no sé hacer algo bien, mejor no me meto a hacerlo.

Le mortificaba ver las consecuencias negativas de cirugías mal practicadas por sus colegas Urólogos. "Chambones", era el término que usaba. "Andrés el cuchillo (así le decía al bisturí) no se coge así -me decía-, así lo cogen los chambones; me hace el favor y lo sigue cogiendo de esta manera" y a continuación me demostraba y después me hacía cambiar la forma de cogerlo.

"Los chambones". Esos especímenes de la fauna social colombiana tan coloridos y lastimosamente, venerados. A los que frecuentemente acudimos por ahorrarnos unos pesitos, pero que apenas nos muestran su incompetencia, de alguna forma nos recuerdan que uno ya había aprendido muchas veces que lo barato al final sale caro.

A veces les dicen u orgullosamente se hacen llamar "toderos". Hacen de todo. Le "jalan" a todo. Desde plomería, pasando por mecánica de cualquier tipo de carro, hasta treparse a un poste a reconectarle a uno el servicio de energía que le cortaron por no pagar. Y como hacen de todo, normalmente todo lo hacen a medias o mal hecho.

Como el joven que le lavaba el carro al vecino. Teníamos una gotera en la casa y mi mamá alguna vez le contó a la vecina que necesitabamos a alguien que revisara el techo. "Alberto (el nombre me lo estoy inventando porque no me acuerdo) te arregla eso. El hace de todo".

- Alberto usted de verdad sabe arreglar techos?

- Claro que si doña Cristina.

De nada sirvió que yo le dijera a mi mamá que me parecía arriesgado, y que Alberto lavaba carros y no arreglaba techos.

Igual, Alberto se subió al techo y 3 días después llovía mas dentro de la casa que afuera. Chambón. Días después el tipo que trajimos que sí sabía de techos bajó como tres costalados de tejas quebradas que hubo que reemplazar.

Hoy el Once Caldas fue eliminado por Millonarios. Y aunque uno siempre se ilusiona con que todo va a terminar bien, la verdad es que ante los repetidos palos de ciego de la junta directiva, el desenlace final no podía ser otro. Los jugadores cumplen 4 meses sin que les paguen salarios. Al equipo le suspendieron el reconocimiento deportivo, y si no es porque la Dimayor negoció con Coldeportes, a estas alturas ya lo habríamos perdido definitivamente. Les cortaron la energía eléctrica en la sede. A pesar de estar jugando un torneo internacional visto en todo el continente, las directivas fueron tan ineptas que no pudieron conseguir patrocinio. No pagaron las cuotas de los derechos deportivos de Fernando Uribe, y nos tocó ver con desazón como él se iba a Italia y el Caldas no recibía ni un sólo dólar por el negocio. Se trajo a Wason Rentería para reemplazarlo y el tipo no pudo empezar a jugar sino hasta el segundo partido de la Copa Libertadores porque los directivos no fueron capaces de acelerar su transferencia. Ahora están negociando a Dayro Moreno a Portugal, y tienen a bordo a Alvaro Muñoz Castro, el mismo señalado de manejos dudosos y de tumbarle miles de dólares al Caldas en el traspaso de Tressor Moreno a México y John Viáfara a España. Chambones (tanto que a veces parecen es mal intencionados).

Caso aparte la gran labor de los jugadores y del técnico Osorio. Dos veces, Juan Carlos Osorio ha armado un equipo que impuso respeto en todas partes. Dos veces, con jugadores que no recibían salarios, algunos de ellos sin alimentarse bien y sin con que pagar la renta, armó equipos que antepusieron el objetivo de lograr la gloria deportiva a la tranquilidad de tener bocado y techo fijos. Y lo hicieron aún a costa de prolongar sus penurias económicas. Y aún así se logró un titulo nacional, llegar a cuartos de final de la libertadores elminando a Cruzeiro, y a cuartos de final, otra vez, en el FPC siendo eliminado por penales. Por eso no acepto que algunos hinchas hagan de Osorio el chivo expiatorio cuando las cosas no salen como queremos.

Ahora el futuro es incierto. Estos chambones han dejado el equipo con las tejas rotas y haciendo agua. Endeudados hasta la coronilla, con acreedores embargando las taquillas y dineros que entran como parte de los patrocinios ya tardíos, y con los jugadores unos queriendo irse del equipo por la falta de pagos y los otros por obligación teniendo que ser vendidos ante el desastre económico. Chambones.

Wednesday, May 25, 2011

Otra historia.

Ayer me llegó otro paciente a consulta. Este es un buen tipo. Tengo muchos pacientes que uno dice que son "buena gente" pero este en particular es todo un "gentleman". Es un tipo de unos 64 años, al cual hace 3 le estoy cuidando su arthritis reumatoidea, con los altibajos propios de una enfermedad crónica. Y aún en sus momentos de mayor incomodidad, mantiene su compostura.

Siempre viene con la esposa, que parece 10 años mayor que él. A diferencia suya, ella parece que viniera con la única misión de jorobarme la paciencia. Tiene una mezcla mortífera que saca de quicio a cualquier médico, que es esa combinación de ser locuaz, ansiosa y sobreprotecora de su marido. Producto de ello, una consulta de 20 minutos puede perfectamente convertirse en una pesadilla de 45.

No permite que su esposo conteste mis preguntas. Ella se adelanta. No solo eso sino que cuando me descuido, es ella quién está interrogándolo. Y si me descuido más aún, me termina interrogando a mi también. Si él dice que ha tenido un dolor leve, ella interrumpe y dice que no, que es un dolor horrendo. Y para rematar me pide que si le examino sus manos (las de ella) porque tiene osteoarthritis. Me provoca estriparla. Yo volteo a mirar al tipo y el solo atina a elevar los hombros resignadamente como diciéndome "que hacemos pues".

Que vieja tan cansona, no sé el tipo como se la aguanta - he pensado muchas veces.

Ayer antes de entrar a ver al paciente, Elaine -mi enfermera- se me acercó a informarme que ya estaban en el consultorio. Me llamó mucho la atención cuando me dijo que hacía mucho tiempo no veía a una mujer tan enamorada de su marido.

Cual enamorada - le dije yo; no ve como lo tortura cada que viene?

- No, me corrigió. Mientras el paciente entró al baño, que fue más o menos por unos 10 minutos, no hizo sino hablarme maravillas de su marido, me dijo. De como celebran sus aniversarios, las fechas especiales, como mantiene pendiente de ella y como constantemente esta cuidándola. De los regalos que le dió en el pasado día de la madre y su cumpleaños. La devoción de esta mujer por su marido yo no la veo hace muchisimo tiempo- me recalcó.

Entré y la consulta transcurrió como siempre: el encogiendo los hombros, ella hablando hasta los codos y yo pensando en empezar a tomar goticas de valeriana. Una vez terminados me regresé a mi computador a documentar en la historia clínica el encuentro médico, y al encontrarme con la lista de diagnósticos me encontré con una nota que decía:

"Disfunción eréctil".